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Las pruebas históricas demuestran que la Navidad se celebraba muchos siglos antes de Cristo. Uno de los primeros clérigos de la Iglesia Católica fue Tertuliano (155-220 d.C.). Él confirmó que la Navidad y el Año Nuevo eran días paganos; en otras palabras, que estaban basados en las religiones politeístas de la antigua Roma y sus antepasados. Reconoció que esta temporada anual se extendía desde principios de diciembre hasta principios de enero. Es más, al dirigirse a la iglesia Tertuliano se pronunció en contra de toda esta temporada de prácticas paganas.

Uno de los libros escrito bajo la supervisión de los profesores Bruce Metzger y Michael Coogan, menciona en la sección sobre la Navidad:

“Para el siglo cuarto, el 25 de diciembre era la fecha del solsticio de invierno, celebrado en la antigüedad como el cumpleaños de Mitra [un antiguo dios persa] y del Sol Invicto. En el calendario juliano, el solsticio caía el 6 de enero, fecha en que se celebraba en Alejandría el cumpleaños de Osiris [el dios egipcio de los muertos]. Para el año 300 d.C., la fecha de la Epifanía, una fiesta siempre ligada con la Navidad, fue el 6 de enero en Oriente.”

La primera mención del 25 de diciembre como fecha de la Navidad se encuentra en el calendario filocaliano del año 354 d.C., el cual refleja la práctica romana del año 336.

La celebración del nacimiento de Cristo no fue una práctica común hasta el siglo cuarto; de hecho, en el siglo quinto todavía se conmemoraba en el antiguo leccionario armenio de Jerusalén el día de Santiago y David el 25 de diciembre y ahí se señalaba que ‘en otros pueblos se celebra [en este día] el nacimiento de Cristo” (The Oxford Guide to Ideas and Issues of the Bible [“Guía de ideas y temas de la Biblia, de Oxford], 2001, p.95).

La misma fuente de información añade que la Navidad tiene sus raíces en el solsticio invernal, la fecha en que se celebraba el natalicio del sol y del dios persa Mitra.

EN MÉXICO, la primera Navidad fue celebrada por el monje franciscano Fray Pedro de Gante cuando apenas empezaba a erigirse la Nueva España de entre las ruinas de la gran Tenochtitlán. En su afán de difundir la religión buscaron aprovechar puntos de contacto que facilitaran la conversión de los indígenas. Por ejemplo, el día que los aztecas celebraban el nacimiento de Huitzilopochtli coincide con la época de Navidad. Estos días los tenochcas llevaban invitados a sus casas y les ofrecían tzóatl lo que hoy conocemos como “alegría” (dulce de amaranto). A partir de allí se integraron a la tradición cristiana, elementos del culto indígena prehispánico, como el nacimiento del dios Huitzilopochtli en el mes de diciembre.

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